Putting Family First

Gustavo Fernandez Putting Family First

This Father’s Day weekend, we celebrate one of our very special Tuppergents: the dedicated and dapper Gustavo Fernandez, a Director from Burlington, Washington.

Gustavo Fernandez has always put his family first, working many different jobs to support his son and four daughters—from the water company to Taco Bell, to a molding company, putting in 12 hour days. His wife also works hard as a manager at a company that packs papas, corn, and onion. She’s been working there for 27 years.

Then one day—an accident. Gustavo  tripped and fell, injuring two discs and requiring surgery. He then developed pneumonia and fell into a coma, on the verge of losing his life. Miraculously, he began to recover.

During his recovery, he was put on work restrictions, but he needed to continue to support his family.  He found work as a security guard. Then he discovered one of the discs was put in wrong and affected his shoulder. He grew depressed and anxious. He couldn’t even go out to tend to his plants or play with his kids. “My life changed 100%,” he says.

During his long road to recovery, which included “many, many therapies,” he visited his aunt, and one of her friends was selling Tupperware.  “As soon as I was able to move my hands and arms, I was encouraged to sign with her.  She convinced me that men also sold Tupperware.”

Maricela was like an angel sent to me by God

He started going to meetings and reading the material on how to do the parties. He says that his upline, Maricela, “was like an angel sent to me by God. She would call me and train me.” When he needed a second surgery in 2008, he stopped selling Tupperware for a while, but Maricela started sending him Christmas Cards, encouraging and supporting him.

So he rededicated himself to Tupperware and began to become more successful. He views selling Tupperware as “being with people, helping them. I get to dress up and go out to share the opportunity.”

But Gustavo admits that, at first, he didn’t want to recruit, because he didn’t want his new Consultants stealing his business. But Maricela came to visit and trained him on the benefits of sharing the earning opportunity with others. He also started learning how to speak to people and how to control his nerves.

I started in Tupperware to ensure my son and four daughters did not have to work to help the household and they could concentrate on their studies.

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“I started in Tupperware to ensure my son and four daughters did not have to work to help the household and they could concentrate on their studies. When Maricela encouraged me to start a team, I set up an office in my garage, and today, I have 26 team members. My oldest daughter has been a state librarian for 12.5 years, my youngest is about to attend college to study Education and my Esmeralda is my secretary—she loves Tupperware as much as I do.”

Now Gustavo takes the message of the Tupperware opportunity everywhere: even to apple orchards where he speaks to people on their breaks from picking. “People always come, and people always sign up,” he says. And he goes and trains them, like his angel, Maricela, had done for him.

Gustavo Fernandez Putting Family First


traducción

Poniendo a la familia en primer lugar

Este fin de semana del Día del Padre, celebramos a uno de nuestros Tupper-caballeros más especiales: el dedicado y elegante Gustavo Fernández, un Director de Burlington, Washington.

Gustavo Fernández siempre ha puesto su familia en primer lugar, por eso tenía cuatro trabajos diferentes para proveer para su hijo y sus cuatro hijas —desde la compañía de agua hasta una empresa de molduras, pasando por Taco Bell, trabajando 12 horas al día. Su esposa también trabaja duro como gerente en una empresa que empaca papas, maíz y cebolla. Ha trabajado allí durante 27 años.

Y de pronto, un día: un accidente. Gustavo tropezó y se cayó, lesionándose dos vértebras y necesitando cirugía. Después desarrolló una neumonía y cayó en coma. Estuvo al borde de la muerte, pero milagrosamente comenzó a recuperarse.

Durante su recuperación, le pusieron restricciones para trabajar, pero necesitaba hacerlo para seguir proveyendo para su familia.  Así que encontró trabajo como guardia de seguridad. Entonces descubrió que una de sus vértebras fue colocada equivocadamente y eso afectaba su hombro. Comenzó a sufrir de depresión y ansiedad. Ni siquiera podía salir para atender sus plantas o jugar con sus hijos. “Mi vida cambió un 100%”, nos cuenta.

Durante su largo camino hacia la recuperación, que incluyó “muchas, muchas terapias”, visitó a su tía y una de sus amigas estaba vendiendo Tupperware.  “Tan pronto como pude mover mis manos y brazos, me animé a firmar con ella.  Ella me convenció de que los hombres también podían vender Tupperware”.

Así que comenzó a asistir a juntas y leer el material sobre cómo celebrar las fiestas. Él cuenta que su upline, Maricela, “fue como un ángel que me envió Dios. Ella me llamaba para entrenarme”. Cuando necesitó una segunda cirugía en el año 2008, dejó de vender Tupperware por un tiempo, pero Maricela comenzó a enviarle tarjetas navideñas, animándolo y dándole apoyo.

Entonces volvió a dedicarse a Tupperware y comenzó a tener éxito. Él considera que vender Tupperware es como “estar con las personas y ayudarlas. Me arreglo y salgo a compartir la Oportunidad”.

Sin embargo, Gustavo admite que, al principio, no deseaba reclutar, porque no quería que sus nuevos Consultores le robaran las ventas. Pero Maricela vino a visitarlo y le enseñó los beneficios de compartir la oportunidad de ganar dinero con los demás. También comenzó a aprender cómo hablar con las personas y a controlar sus nervios.

“Comencé a trabajar en Tupperware para garantizar que mi hijo y mis cuatro hijas no tuvieran que trabajar para ayudar con los gastos de la casa y pudieran concentrarse en sus estudios. Cuando Maricela me animó a comenzar un equipo, armé una oficina en mi garaje, y hoy tengo 26 integrantes en mi equipo. Mi hija mayor ha sido bibliotecaria durante 12 años y medio, mi hija menor está por comenzar la universidad para estudiar Educación y mi Esmeralda es mi secretaria —ella ama Tupperware tanto como yo”.

Ahora Gustavo lleva el mensaje de la oportunidad Tupperware a todas partes: incluso a huertos de manzanos donde habla con las personas durante sus descansos. “Las personas siempre vienen, y siempre se inscriben”, dice. Y él se dedica a entrenarlos, como algún día su ángel, Maricela, lo entrenó a él.